No es un giro a la izquierda ni una estrategia política ni comunicacional. Tampoco es una contradicción ni que se esté dejando manipular ingenuamente por la Concertación –no así ésta, que está intentando reflotar a Lavín para sacar del espectro a Sebastián Piñera, el precandidato presidencial mejor posicionado en las encuestas hasta ahora. Menos es una actitud de “pastelazo” la del ex candidato presidencial.
Lo que dijo Joaquín Lavín anteayer, eso de que se declara “Bacheletista-Aliancista”, es la más pura expresión de la verdadera política, tan distinta a la que se practica ahora, así como tan infinitamente lejana de ésta. Es la puesta en práctica de la búsqueda del bien mayor, para el cual “los políticos” deberían trabajar siempre. Ese que se denomina bien común.
Lavín está instalando su atención en los temas-país, y en este caso en el de equidad social –a cuya comisión fue llamado por la Presidenta- y pone toda su capacidad e interés en ayudar a que de ésta emerjan propuestas concretas, efectivas, y que propongan soluciones.
Lavín está dejando de lado las divisiones partidistas, ideológicas y pequeñas que caracterizan la disputa de la derecha e izquierda chilena, o de la Concertación y la Alianza si se quiere. Le importa poco que sus correligionarios de la UDI se compliquen al tratar de explicar qué quiso decir con lo de “Bacheletista-Aliancista”, porque su interés está a mucha distancia de las disputas verbales diarias entre oficialismo y oposición. A lo que se refiere Lavín con su declaración es que él, siendo un político de la Alianza, es Bacheletista en el sentido de que quiere aportar con sus conocimientos a la iniciativa de la Presidenta, como lo es la Comisión para la Equidad. Y esta actitud de Lavín es la primera demostración concreta del Pacto Social sugerido por la Mandataria, en que la Concertación y la Alianza unen sus ideas, a pesar de sus diferencias, para avanzar en los problemas denominados temas-país.
Asimismo, la actitud de Lavín es la más fidedigna demostración de la influencia que está teniendo en él la nueva tendencia de la derecha en el mundo liderada por el Presidente francés Nicolas Sarkozy: una derecha pragmática, con capacidad de gestión evidente y rápida, pero, sobre todo, que propone la idea de gobernar con los mejores, como lo está haciendo Sarkozy en su gobierno, al tener ministros de todas las tendencias políticas en su gabinete. Pero esto último no significa que Lavín tenga en mente ser parte del gobierno de Michelle Bachelet, pero sí está dispuesto a colaborar con ésta.
Ahora bien, como nada es gratis en política, evidentemente que Lavín tiene un interés detrás de su actitud y declaraciones. Y ese interés es el de, primero, mantenerse activo frente a los medios de comunicación y, por consiguiente, frente a la opinión pública, intenta dar una señal de ser un político por sobre las peleas partidistas, un opositor “proponedor” y que contribuye. Pero también, mira a las próximas parlamentarias de 2013 y, tal vez, a las presidenciales de ese año.
Lo que dijo Joaquín Lavín anteayer, eso de que se declara “Bacheletista-Aliancista”, es la más pura expresión de la verdadera política, tan distinta a la que se practica ahora, así como tan infinitamente lejana de ésta. Es la puesta en práctica de la búsqueda del bien mayor, para el cual “los políticos” deberían trabajar siempre. Ese que se denomina bien común.
Lavín está instalando su atención en los temas-país, y en este caso en el de equidad social –a cuya comisión fue llamado por la Presidenta- y pone toda su capacidad e interés en ayudar a que de ésta emerjan propuestas concretas, efectivas, y que propongan soluciones.
Lavín está dejando de lado las divisiones partidistas, ideológicas y pequeñas que caracterizan la disputa de la derecha e izquierda chilena, o de la Concertación y la Alianza si se quiere. Le importa poco que sus correligionarios de la UDI se compliquen al tratar de explicar qué quiso decir con lo de “Bacheletista-Aliancista”, porque su interés está a mucha distancia de las disputas verbales diarias entre oficialismo y oposición. A lo que se refiere Lavín con su declaración es que él, siendo un político de la Alianza, es Bacheletista en el sentido de que quiere aportar con sus conocimientos a la iniciativa de la Presidenta, como lo es la Comisión para la Equidad. Y esta actitud de Lavín es la primera demostración concreta del Pacto Social sugerido por la Mandataria, en que la Concertación y la Alianza unen sus ideas, a pesar de sus diferencias, para avanzar en los problemas denominados temas-país.
Asimismo, la actitud de Lavín es la más fidedigna demostración de la influencia que está teniendo en él la nueva tendencia de la derecha en el mundo liderada por el Presidente francés Nicolas Sarkozy: una derecha pragmática, con capacidad de gestión evidente y rápida, pero, sobre todo, que propone la idea de gobernar con los mejores, como lo está haciendo Sarkozy en su gobierno, al tener ministros de todas las tendencias políticas en su gabinete. Pero esto último no significa que Lavín tenga en mente ser parte del gobierno de Michelle Bachelet, pero sí está dispuesto a colaborar con ésta.
Ahora bien, como nada es gratis en política, evidentemente que Lavín tiene un interés detrás de su actitud y declaraciones. Y ese interés es el de, primero, mantenerse activo frente a los medios de comunicación y, por consiguiente, frente a la opinión pública, intenta dar una señal de ser un político por sobre las peleas partidistas, un opositor “proponedor” y que contribuye. Pero también, mira a las próximas parlamentarias de 2013 y, tal vez, a las presidenciales de ese año.


