miércoles, 25 de abril de 2007

Dupla Festival de Viña del Mar-Canal 13, destinada al fracaso

Si bien desde que el evento musical más importante de Chile y Latinoamérica está bajo la producción de dicha estación televisiva ha mejorado notablemente su infraestructura, no es posible afirmar lo mismo respecto de la calidad de los artistas que vienen año tras año al show.
Por qué Canal 13 trae al show del Festival de Viña del Mar, todos los años, cantantes o bandas que hace mucho tiempo dejaron de estar en su peak, o que no han editado ningún disco en el último tiempo, y no artistas que están sonando, o que lideran los rankings en los principales mercados musicales.
Esa es la cuestión de fondo. La crítica que se le ha hecho hace ya varios años.

miércoles, 18 de abril de 2007

La hazaña de Andrea Elliot: ¡única, grande, nuestra!




Dejando de lado el personaje farandulero que puede representar para algunos chilenos desde el lunes la periodista chileno-estadounidense Andrea Elliot, por su antigua relación sentimental con el actual ministro de Hacienda, Andrés Velasco -quien curiosamente terminó casándose con otra periodista, la conductora de “24 Horas” Consuelo Saavedra- o por su ahora recordada participación en un comercial de una conocida marca de café hace ya más de una década, es necesario ponderar la dimensión de tamaño logro que ella alcanzó.

Contrastando con la naturalidad con que “The New York Times” informó la noticia de que su Elliot obtuvo el Premio Pulitzer, en Chile la información fue difundida a temprana hora por casi todos los canales de la televisión nacional. Y era obvio, porque era la primera vez que una persona de origen chileno obtenía una distinción que es comparable con los Oscar, haciendo un paralelo con el cine. Y más aun en una sociedad como la nuestra, en que predomina una idiosincrasia chaquetera.

Además de ser destacable el logro de Elliot por lo que representa en sí la palabra Pulitzer, lo es asimismo por la originalidad del reportaje: la vida del imán egipcio – (una especie de sacerdote o rabino, respecto del catolicismo y judaísmo respectivamente) – Reda Shata en Estados Unidos después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, con toda la carga nacionalista y la xenofobia originados en los ciudadanos estadounidenses posterior a estos atentados terroristas, respecto de los inmigrantes islámicos en ese país.

miércoles, 11 de abril de 2007

"Repito, no es un simulacro, un American Airlines se estrelló contra una de las torres gemelas"

-Help! Help! Please! Somebody help me! I can’t breath! I don’t feel my legs! Oh my god, I don’t wanna die!

Fueron estas las desesperadas palabras de una mujer pidiendo ayuda, que Steve Peterson escuchó cuando estaba entre los pisos 74 y 75. Y, de modo súbito, la impotencia se apoderó de él al no sentir si los gritos provenían de abajo o arriba y, por lo tanto, ser incapaz de decidir en forma correcta a dónde dirigirse para ahorrar el bien más vital en esos minutos, pero, asimismo, el que más escaseaba: tiempo.

La mujer rogaba por socorro, quejándose de que no podía respirar ni sentía sus piernas.
-¡Dios mío, no quiero morir!, imploraba.

Cinco años y siete meses exactos han pasado desde aquella fatídica mañana neoyorquina. Pero para Steve Peterson es como si hubiese sido ayer. Es que, al parecer, esta vivencia persigue día y noche a quienes, por desgracia, la sufrieron.

Evidentemente es inolvidable, pero lo peor de todo parece ser la imposibilidad de superarla –si es que alguna vez algún ser humano puede llegar a decir, aliviado, que lo logró-, y estar condenado a aprender a vivir con ella hasta que dejen de existir.

Y eso que Steve no sufrió el impacto estando al interior de los rascacielos, y tampoco estuvo obligado a lanzarse al vacío por no poder descender por las escaleras debido al fuego. Ni menos supo lo que fue quedarse atrapado al interior de uno de los ascensores.
Pero con esto no se trata de minimizar su experiencia. Para nada. De hecho, él tuvo que controlar su propio pánico, ansiedad y sufrimiento –destreza para la que, se supone, los entrenan- y, además, tener la templanza de calmar a las víctimas, ayudarlas a salir de los escombros y sacarlas de la torre en llamas, aunque con el previo descenso de escalas que nunca antes fueron tan largas, interminables, acaso infinitas; como también oscuras por el asfixiante humo que no lograba salir por ninguna parte.

Nunca antes, en sus quince años como bombero, Steve había escuchado en su base una alarma cuya emergencia le provocara tanta incertidumbre, tanta incredulidad, tanta sorpresa al llegar al lugar de los hechos; pero, a la vez, semejante arrojo y desenfado, tamaño deseo de ayudar a esas personas y que esa historia, como ninguna otra jamás, tuviese un desenlace feliz.

-Un American Airlines se estrelló contra una de las torres gemelas. No es un simulacro. Repito: No es un simulacro-, escuchaba Steve por la radio, mientras su compañero lo miraba con unos ojos que ya casi se le salían de su rostro.



*EL TIEMPO ME IMPIDIÓ HACERLE UN FINAL.

martes, 10 de abril de 2007

Felipe Bianchi: una pluma crítica y con chilenismos.


No podría decir que tengo un columnista que me guste más que cualquier otro, porque la verdad es que me agrada leer la pluma irónica de Cristóbal Orrego, la “filosófica” e izquierdista de Carlos Peña, así como también la asertiva y estudiosa de Sergio Gilbert, por nombrar algunas.
Pero no voy a referirme a ninguno de ellos en esta oportunidad.


La persona de la que hablaré a continuación fue director del área de revistas de “El Mercurio”, y de los magazines Rolling Stone Chile y El Gráfico de Chile. Ha trabajado en varias radios del medio y fue conductor de los programas “Caiga Quien Caiga” (CQC) de Mega, en sus primeras temporadas, y “La Última Tentación” en el canal que hoy es propiedad de Sebastián Piñera, cuando Aldo Schiappacasse abandonó aquel estelar al irse a Canal 13.


Hoy, es director del área de deportes de Chilevisión, columnista de “El Mercurio” y uno de los conductores de “Levántate y Anda”, de Radioactiva.


Con una prosa directa, clara, desafiante y acusadora, las columnas de este profesional de las comunicaciones egresado de la Pontificia Universidad Católica de Chile hacen que cada martes –creo que en años anteriores era otro día- la sección de “Deportes” de “El Mercurio” sea una agradable “obligación” de leer.


Es que el periodista Felipe Bianchi Leiton se caracteriza por decir las cosas tal cual son, sin tapujos ni a medias: ya sea para comentar y hacer críticas de partidos de fútbol de la selección chilena, del desempeño de algún equipo de nuestro país, o cuando quiere “fiscalizar” y exponer denuncias respecto de quienes se desempeñan en el medio futbolístico nacional. Cuando se trata de esto último, no titubea en acusarlos y exigirles dar explicaciones.


No obstante manejar un envidiable vocabulario –por la riqueza de éste-, Bianchi utiliza un lenguaje coloquial en sus escritos. Incluso, muchas veces ácido, pero con la particularidad de utilizar un sobrio y perspicaz modo, haciendo que los habituales chilenismos en los que se apoya no se lean como vulgaridades. Sin duda, esto le proporciona una dinámica e ironía a la lectura que hacen que ésta sea rápida y divertida.


Esta audacia de Bianchi a la hora de escribir refleja en forma explícita el profundo espíritu crítico de su redacción, aspecto que, asimismo, pienso que es la esencia de su postura como periodista, ya que comunica de manera muy similar cuando le toca conducir el bloque deportivo de “Chilevisión Noticias” y “Última Mirada”.