

Dejando de lado el personaje farandulero que puede representar para algunos chilenos desde el lunes la periodista chileno-estadounidense Andrea Elliot, por su antigua relación sentimental con el actual ministro de Hacienda, Andrés Velasco -quien curiosamente terminó casándose con otra periodista, la conductora de “24 Horas” Consuelo Saavedra- o por su ahora recordada participación en un comercial de una conocida marca de café hace ya más de una década, es necesario ponderar la dimensión de tamaño logro que ella alcanzó.
Contrastando con la naturalidad con que “The New York Times” informó la noticia de que su Elliot obtuvo el Premio Pulitzer, en Chile la información fue difundida a temprana hora por casi todos los canales de la televisión nacional. Y era obvio, porque era la primera vez que una persona de origen chileno obtenía una distinción que es comparable con los Oscar, haciendo un paralelo con el cine. Y más aun en una sociedad como la nuestra, en que predomina una idiosincrasia chaquetera.
Además de ser destacable el logro de Elliot por lo que representa en sí la palabra Pulitzer, lo es asimismo por la originalidad del reportaje: la vida del imán egipcio – (una especie de sacerdote o rabino, respecto del catolicismo y judaísmo respectivamente) – Reda Shata en Estados Unidos después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, con toda la carga nacionalista y la xenofobia originados en los ciudadanos estadounidenses posterior a estos atentados terroristas, respecto de los inmigrantes islámicos en ese país.
Contrastando con la naturalidad con que “The New York Times” informó la noticia de que su Elliot obtuvo el Premio Pulitzer, en Chile la información fue difundida a temprana hora por casi todos los canales de la televisión nacional. Y era obvio, porque era la primera vez que una persona de origen chileno obtenía una distinción que es comparable con los Oscar, haciendo un paralelo con el cine. Y más aun en una sociedad como la nuestra, en que predomina una idiosincrasia chaquetera.
Además de ser destacable el logro de Elliot por lo que representa en sí la palabra Pulitzer, lo es asimismo por la originalidad del reportaje: la vida del imán egipcio – (una especie de sacerdote o rabino, respecto del catolicismo y judaísmo respectivamente) – Reda Shata en Estados Unidos después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, con toda la carga nacionalista y la xenofobia originados en los ciudadanos estadounidenses posterior a estos atentados terroristas, respecto de los inmigrantes islámicos en ese país.
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