Es impresentable que la ministra de Educación, Yasna Provoste, todavía siga en su cargo. Hace rato que debería haber renunciado por su responsabilidad política en el caso de las irregularidades detectadas en el pago de las subvenciones escolares de la Región Metropolitana. Renunciar es lo que corresponde cuando se tiene un mínimo de ética.
El proceder de Provoste estaría siendo más negligente aun con el desmentido que le hizo el ex auditor ministerial de Educación Hernán Ortiz -quien fue despedido en marzo de 2007 junto con otra auditora luego de detectar el destino incierto de cheques por más de $35 mil millones administrados por la Seremi metropolitana de Educación- por las declaraciones hechas por Provoste el viernes 15 de febrero, cuando ésta afirmó que fue el propio Ministerio de Educación el que detectó las anomalías investigadas por la Contraloría y que en diciembre de 2006 entregó los antecedentes a la justicia, asegurando Ortiz que eso es falso, porque siendo él el auditor ministerial en esa fecha, nunca se entregó la información ni a la Contraloría ni al Ministerio Público, sino todo lo contrario, señalando además que la ministra nunca lo quiso recibir cuando le intentó advertir sobre las irregularidades.
Sin embargo, y como se trataría de palabra contra palabra, lo que correspondería antes de juzgar si la ministra mintió o y si las aseveraciones de Ortiz son las verdaderas, es realizar la respectiva investigación y comprobar si los dichos del ex auditor son ciertas, o si la ministra es la que dice la verdad. Aunque esto no quiere decir que la ministra Provoste ya debería haber renunciado, y no deslindar toda la responsabilidad en los mandos medios, como ocurre con el seremi de Educación metropolitano, Alejandro Traverso, quien dijo que asumirá su responsabilidad cuando corresponda debido al cargo de confianza que ejerce. Yo me pregunto, ¿cuándo será el momento correspondiente para renunciar? Debería hacerlo ya.
En este sentido, impresentables son también las declaraciones del ministro Vidal, quien dijo: “Qué quiere que le haga yo, que le crea a la ministra o a otra persona (refiriéndose al ex auditor Hernán Ortiz). Le creo a la ministra. Y el día que no le crea a la ministra no va a ser ministra”. El vocero de Gobierno se equivoca rotundamente, porque ese tipo de argumento, tan débil, no se condice con el actuar que deben tener las autoridades gubernamentales, porque las responsabilidades políticas de los miembros del gabinete, y su consiguiente exculpación y continuidad en sus cargos, no deben quedar al simple juicio –tan subjetivo por lo demás- de un ministro, sino que lo que le correspondería decir a Vidal es que se va a investigar a fondo quién dice la verdad, si Provoste u Ortiz, o algo que vaya en esa línea.
Esta falta de ética de la ministra Provoste se suma a la del embajador en España, Osvaldo Puccio, a quien pareciera importarle bien poco que una supuesta asesoría suya a Gendarmería esté siendo cuestionada por la supuesta inconcordancia de sus firmas en los documentos presentados a este organismo público.
Solicitar renuncias no es lo que corresponde, ya que son los propios involucrados los que deberían dejar sus cargos a disposición. Además, no tiene nada de agraviante, porque si finalmente las investigaciones que se hagan arrojan que las autoridades no cometieron ilícitos sus nombres quedarán sin opacidades.
Es realmente impotente ver que algunas autoridades insisten en tener esta desfachatez de a pesar de tener responsabilidades políticas no renuncien a sus cargos y sigan tan campantes en ellos, y luego veamos que surgen comisiones investigadoras en las cámaras para establecer aquéllas, pero que no tienen validez ya que la mayoría la tiene el oficialismo, siendo que lo que correspondería es que la oposición la tuviera, porque éticamente es inconcebible que una comisión que fiscalice el actuar de personeros de Gobierno tenga por mayoría a los propios parlamentarios de su sector. Además, todas estas irregularidades contradicen la agenda pro-transparencia que el Gobierno está llevando a cabo.
Impresentable.
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